Conoce a Franklin Cascaes:
El artista que dio vida a la cultura azoriana en Santa Catarina
13 de Maio de 2026
Quien ya visitó Florianópolis lo sabe: la isla tiene un toque de misterio en el aire. Es como si el viento que viene del mar trajera susurros antiguos… ¡Historias de brujas, pescadores y seres encantados que todavía rondan por allí! Y parte de esa aura mágica se la debemos a un hombre muy especial: Franklin Cascaes.
¿Quieres descubrir quién fue este hombre y por qué hasta hoy su nombre es sinónimo del alma mística de la isla? Entonces acompáñame en este viaje por la cultura y las leyendas de Florianópolis. Pero si quieres conocerlo en vivo y en directo, una gran idea es unirte a nuestro Walking Tour. ¡Reserva Aqui tu lugar!
¿Quién fue Franklin Cascaes?
Franklin Cascaes nació en 1908, en la propia Florianópolis, y parecía haber llegado al mundo con una mirada atenta a todo lo que formaba parte de la vida de la gente de aquí. Fue artista plástico, escritor, folclorista e investigador de la cultura azoriana (los azorianos, del archipiélago portugués de las Azores, fueron los principales colonizadores de la Isla de Santa Catarina)… pero, sobre todo, ¡era un curioso nato!
Durante décadas recorrió pueblos, playas y rincones escondidos de la isla escuchando lo que la gente tenía para contar: leyendas de brujas, historias de fantasmas y todo aquello que formaba parte de la cultura azoriana que moldeó Floripa. Lo anotaba todo y luego dibujaba, esculpía y transformaba el imaginario popular en arte.
Al final, Cascaes se convirtió en una especie de guardián de la cultura manezinha. Gracias a él, todavía conocemos las historias, las creencias y la manera de vivir de los antiguos habitantes de la isla. Si hoy Florianópolis es conocida como la Isla de la Magia, puedes apostar a que gran parte de ese encanto lleva su toque.
Sus obras e importancia cultural
Franklin Cascaes no se conformaba con solo observar: transformaba todo lo que veía y escuchaba en arte. Hablaba sobre brujas, pescadores y el folclore azoriano, produciendo cientos de dibujos, esculturas y manuscritos. Con este trabajo, ayudó a preservar tradiciones que podrían haberse perdido con la modernización de la isla. Hoy, su colección está resguardada en el Museo Universitario de la UFSC (MArquE), un verdadero tesoro para quienes quieren sumergirse en el alma de la cultura manezinha.
Algunas obras, como la del Boitatá sobrevolando la isla, tienen múltiples significados. Una interpretación interesante es que Cascaes se veía reflejado en ese ser mítico, observando desde lo alto las transformaciones que llegaban con la modernización: enormes edificios sustituyendo antiguas casas, la arquitectura tradicional dando paso al concreto… Una sensación de melancolía y pérdida que se percibe en la obra, como si el Boitatá fuera el propio artista presenciando la destrucción de la cultura azoriana local bajo las garras del capitalismo.
Esta crítica al progreso aparece de forma aún más explícita en La Gran Bruja. La imponente figura de la bruja pisa casas, iglesias y árboles, y sus pies son botas con diseños que recuerdan a edificios altos, dejando detrás un rastro de monedas. La imagen traduce la visión de Cascaes sobre el avance del capital en la isla de Florianópolis: una fuerza destructiva que, bajo el pretexto del desarrollo, aniquila la cultura popular y las tradiciones azorianas.
Además de sus esculturas y dibujos, Cascaes dedicó gran parte de su vida a recopilar relatos de brujería en las comunidades azorianas de Pântano do Sul, Barra y Costa da Lagoa. No solo anotaba las historias, sino que también se preocupaba por preservar el dialecto local, manteniendo expresiones, acentos e incluso errores gramaticales. Ese cuidado por el lenguaje es una característica fundamental de su literatura.
En algunas historias, Cascaes muestra brujas robando canoas y perturbando a los pescadores. Según la antropóloga Sônia Maluf, esto tiene un significado más profundo: cuando las brujas hacen nudos en las crines de los caballos o se llevan las canoas, están invadiendo simbólicamente el espacio masculino de la cultura azoriana. En aquella época, el hombre salía a pescar y montar a caballo, mientras que la mujer se quedaba en casa cuidando de los hijos y haciendo encaje de bolillos. Así, estas brujas representan a mujeres que desafiaban los límites impuestos por el patriarcado.
Pero esas mismas mujeres también eran vistas como peligrosas, capaces de “embrujar niños”. Cuando un bebé enfermaba, rápidamente se culpaba a alguna bruja. Cascaes incluso registró escenas así, mostrando a una bruja supuestamente lanzando un hechizo sobre un bebé. Aquí, la bruja sale del espacio masculino e invade la esfera femenina, siendo percibida como una amenaza para la vida doméstica. Aun así, como recuerda Sônia Maluf, ella no es propiamente mala: es solo una mujer que se niega a aceptar los papeles que la sociedad azoriana intentaba imponerle.
Al final, es posible notar una diferencia muy clara entre la bruja antropológica y La Gran Bruja. Al principio, Cascaes solo registraba las historias tradicionales, con brujas robando canoas, caballos o “embrujando” niños. Pero después reformuló la figura de la bruja con La Gran Bruja: aquí, lo que realmente da miedo no es la mujer rebelde o transgresora, sino el Capital, esa fuerza que llega destruyendo la cultura popular y borrando las raíces azorianas. El verdadero mal, según el artista, no es la mujer rebelde, sino el Capital que destruye tradiciones y amenaza la identidad azoriana.
Turismo cultural en Florianópolis
Para quienes visitan Florianópolis con ojos atentos, Franklin Cascaes no es solo un nombre de libros: está repartido por toda la ciudad. Su legado se ha convertido en un punto de encuentro entre el turismo, el arte y la identidad cultural.
El principal lugar para esta inmersión es el Museo de Arqueología y Etnología de la UFSC (MArquE). Allí se conserva la mayor parte del acervo de Cascaes: esculturas de brujas, dibujos, manuscritos y registros del folclore azoriano. Caminar por la sala dedicada a Cascaes es casi como entrar en un portal hacia la Florianópolis de antaño.
Pero Cascaes también aparece fuera de los museos. Su nombre da título a escuelas, calles y centros culturales, y sus brujas inspiran murales, intervenciones artísticas e incluso souvenirs repartidos por la isla. En lugares como Lagoa da Conceição, Ribeirão da Ilha, Santo Antônio de Lisboa y Costa da Lagoa, el ambiente que él tanto registró aún resiste: casas antiguas, tradición pesquera, historias contadas al atardecer y esa sensación de que el pasado aún camina junto al presente.
Para finalizar…
Conocer la obra de Franklin Cascaes es entender que Florianópolis va mucho más allá de la postal turística. Es darse cuenta de que, detrás de las playas y el turismo moderno, existe una isla hecha de leyendas, conflictos, afectos y resistencia cultural. Las brujas de Cascaes no son solo personajes folclóricos: cuestionan, provocan y recuerdan que la identidad no se construye con concreto, sino con memoria.
Gabriela Scherer
Autora
Soy estudiante de cine, apasionada por la cultura y por las historias que conectan a las personas. Bailo desde hace más de siete años y ya he explorado siete países en busca de nuevas inspiraciones. Entre una foto y una buena conversación, sigo viviendo el arte cada día.
